miércoles, 24 de febrero de 2016

El verdadero significado de la autosuficiencia

La autosuficiencia como la entiendo y la practico, es el abastecimiento como resultado del propio trabajo o por el intercambio de productos o servicios producidos por otras personas por si mismas; es decir sin mediar ningún tipo de explotación o plusvalía. Este concepto se extiende a la no explotación de los recursos naturales, lo que significa un fuerte compromiso con la sustentabilidad. 

El producto de la autosuficiencia es, por lo tanto, completamente bien de uso, ya sea en el plano individual como social.  

La autosuficiencia puede incluir la dimensión individual, familiar, local, nacional, regional. No se reduce al auto consumo ni implica abastecerse completamente por uno mismo, ya que esto no es deseable ni posible. 

La autosuficiencia implica el intercambio no monetario de excedentes de producción para completar y diversificar el propio aprovisionamiento.

El énfasis puesto en lo no monetario es de una importancia decisiva, ya que el dinero, por su concepción, diseño y función, lleva inevitablemente a la acumulación en unas pocas manos y a la negación del intercambio. La autosuficiencia busca que la gente pueda obtener lo necesario para vivir sin ser explotado y sin explotar a otras personas o al medio ambiente. 

No es una idea radical, sino natural y orgánica. Los distintos saltos tecnológicos para  aumentar el rendimiento agrícola fueron seguidos por un incremento poblaciones y al poco tiempo otra vez hambre,guerras y más explotación  de las personas y la naturaleza.

La autosuficiencia es economía en su aspecto más prístino, esencial y orgánico ya que se orienta a la satisfacción de las necesidades humanas libre de cualquier explotación, especulación o usura. También se trata de una economía  de la perdurabilidad, ya que para sostenerse sin sobresaltos en el tiempo debe haber un uso sustentable de los recursos. En este modelo económico cualquier derroche, mal manejo o sobre explotación afecta directamente a quien lo generó. No hay forma de trasladar a otros los propios defectos u errores. Esto estimula a las personas a hacerse cargo de sus actos y ser respetuosos con el entorno. En cambio, los modelos de organización, como los define Schumacher, favorecen actitudes irresponsables y egoístas como ocurre con la sociedad de consumo actual.

Veamos un ejemplo de mi infancia a mediados de los años 50. En nuestro barrio no había servicio de recolección de basura, por lo que inevitablemente debíamos reciclar los desechos en nuestro propio hogar para que no se convirtieran en basura. Conforme a esta realidad, los envases de los  productos manufacturados eran reutilizados o reciclados. No existía el hábito de usar y tirar que hoy tenemos incorporado como si fuera un acto reflejo. En la práctica no existía productos descartables. Todos salíamos de casa con una bolsa de tela para hacer las compras con tanta naturalidad como llevar dinero en el bolsillo. Una vez consumidos los productos, los frascos de vidrio vacíos se llenaban con dulces y mermeladas caseras, las botellas de sidra con salsa de tomate y las de vino con vinos o en el peor de los casos vinagre de uva o grapa. Las latas de aceite, una vez consumido su contenido, servían para hacer bebederos para nuestras mascotas y animales de cría, las latas redondas de dulce de batata se convertían en apreciados moldes para hornear pan dulce, y cuando por último, el metal se deterioraba u oxidaba, se enterraban junto a los limoneros para aportarles hierro. Los vidrios rotos fijados a los bordes de los muros desalentaban a los escasos merodeadores o se molían para usar como carga en el concreto. 

Podría dar una infinidad de ejemplos de reciclado, como el caso de la madera, cartón, papel, o de los residuos orgánicos, pero no intento hacer una apología de la simplicidad sino mostrar como en una cultura de hace apenas 60 años, se resolvía con autosuficiencia, de manera sencilla y efectiva un problema en vez pasárselo a las próximas generaciones.      

Carlos De Sanzo

lunes, 22 de febrero de 2016

Los interminables paradigmas



Un cambio de paradigma es siempre resistido al principio. Pero con el paso del  tiempo los nuevos conceptos nos parecen menos perturbadores y se terminan asimilados al pensamiento establecido. A veces pienso que estas ideas revolucionarias son asumidas sólo en parte, pero que en el fondo no queremos cambiar. Se cede algo para no ceder  todo.  Una negociación conveniente para mantener el principio de realidad y aquí no ha pasado nada. Las teorías molestas son  expuestas en vez de ocultarlas. Se pinta  de rojo el antiestético caño en lugar de disimularlo. Y pese a que le dimos la razón a Galileo seguimos viendo salir el sol del este. Y actuamos como si fuéramos el centro de la creación aunque  enseñemos las teorías de Darwin en nuestras escuelas. Y después de tanto psicoanálisis bajo las espaldas, seguimos creyendo que manejamos nuestras pasiones.
La caída de un paradigma hiere nuestro narcisismo humano, pero no profundamente, ya que ha sido el propio hombre el autor de tal prodigio. El pensamiento abstracto sale victorioso de todos modos y aunque reconozcamos que nada sabemos, seguimos creyendo en que el Saber es posible.

Adoptamos un nuevo paradigma porque descubrimos su utilidad; no como  resultado de una progresiva toma de conciencia, ni por deseo de conocer una verdad con mayúsculas sino una verdad tranquilizante. En lo más profundo que no vamos tras la verdad, la equidad, la justicia o el conocimiento, sino en pos de una ideología funcional al ego.

 El mundo experimenta un clima navideño cuando el nuevo paradigma es entronizado. Se asiste a un milagro profano, se refuerza por fuera la fe en la ciencia y por dentro el pensamiento mágico. Aceptamos reformular la idea que  teníamos del mundo, pero nuestros prejuicios no disminuyen con este acto de contrición, sino por el contrario se fortalecen. No nos hacemos más sabios sino más apegados. Tal vez haya una luz al final del camino, quizás superemos alguna vez la compulsión a encontrar respuestas sin haber formulado las preguntas. El principio de realidad es Matrix, es el paradigma que no termina de caer y que sostiene la dictadura de lo real, nuestra profunda convicción respecto a la objetividad del  conocimiento y que éste  se encuentra cada vez más cercano.

Carlos De Sanzo

¿Que tan necesario es el dinero?






Si bien los seres humanos satisfacen la mayor parte de sus necesidades a  través del intercambio, no todo intercambio se materializa con dinero. Contrariamente a lo que suponemos, la producción doméstica y el trueque siguen siendo las formas más comunes de aprovisionamiento y aunque existe un alto desarrollo de las tecnologías de pago y de los sistemas monetarios, más del 30% del comercio se lleva a cabo mediante alguna forma de trueque o compensación.

Daniel Wagman, propulsor del sistema de trueque Tercer Sector de Madrid, opina que cuando utilizamos el dinero en vez de un simple intercambio, evitamos reconocer que este último implica algún tipo de compromiso y una relación de reciprocidad donde una persona está haciendo algo por nosotros. “Uno de los rasgos (negativos) de nuestra actual economía es la sensación de que somos consumidores independientes, que no necesitamos a nadie, cuando de hecho nunca los seres humanos hemos dependido de tanta gente para cubrir nuestras necesidades. Sin embargo, esta dependencia es invisible, y nos absuelve de asumir la responsabilidad de las consecuencias de nuestro consumo” En este sentido el trueque tiene una gran importancia porque en este proceso se descubre que son las personas las que satisfacen nuestras necesidades y no el dinero.


El dinero resulta ser una herramienta poco eficiente para el fin que fue concebido: el facilitar las transacciones de bienes y servicios. La posibilidad de atesorar y cobrar un interés por el rescate del del dinero lo hace más lucrativo como  medio de especulación, debilitándose  su función de medio de intercambio. El resultado es que el dinero se hace cada vez más escaso y por ende costoso. Quien tiene plata hace más plata y quien carece de ella debe trabajar cada vez más duro. Esta es una tarea ímproba ya que en la economía hay más deuda por intereses que dinero genuino. Cuando se compra un simple pan, se pagan impuestos o se utiliza un servicio público como agua, electricidad, recolección de residuos, una parte importante del monto esta constituido  intereses.  

     Ganar dinero lleva tiempo y este cuenta. Si se calcula el tiempo que hay que dedicar para reunir el dinero para acceder a algunos servicios como por ejemplo el transporte urbano – más la duración del viaje-  se llega antes si uno va caminando. Henry D. Thoreau  propuso una vez una competencia  entre un caminante distendido y  otra persona que tuviera que ganarse un salario para costearse el pasaje en tren. En su opinión el caminante le llevaría siempre la delantera.

De la misma manera, hay infinidad de recursos materiales y humanos que no se aprovechan porque sufren postergación como consecuencia del costo y escasez del dinero. Aunque pareciera que el dinero motoriza la economía, actúa más bien como un freno. El alcohol produce en el organismo un efecto parecido, La euforia que provoca su consumo inmoderado es resultado de su efecto inhibidor de la corteza cerebral.

¿Cuantas más cosas podríamos realizar y disfrutar si no le atribuyéramos tanto valor al dinero?












Haze Henderson y el fin de la economía de tierra plana

Hazle Henderson y el fin de la economía de tierra plana

Los ciclos de recesión e inflación y el desempleo están afectando en mayor o menor medida a la mayoría de las sociedades. Las recetas económicas habituales no atinan a encontrar una solución de fondo debido a su obstinado enfoque monetarista y al desconocimiento del sector no monetarizado de la economía, donde ocurre la mayor parte de la producción y el consumo. Como lo señala Hazle Henderson: “ La mayoría de la población mundial se mantiene cultivando su propio alimento, cuidando a sus propios animales en las zonas rurales y viviendo en pequeñas aldeas y asentamientos administrados en conjunto o como nómadas siguiendo rebaños, recogiendo cosechas silvestres, pescando y cazando en economías basadas en el trueque, la reciprocidad y la redistribución de excedentes de acuerdo con costumbres como festivales y potlatches.” Muchos de los problemas económicos y sociales de los países del Tercer Mundo se deben precisamente a la erosión de esta cultura comunitaria de reciprocidad y mutualismo por  las políticas económicas de mercado.

Los valores sociales vinculados a la autoabastecimiento, el compartir alimentos y ayudas, la solidaridad con los necesitados, la medicina popular y el respeto por el medioambiente viene siendo desprestigiados por un consumismo que luego resulta incapaz de garantizar las necesidades mínimas de la inmensa mayoría de la población. El precio que pagan los países “subdesarrollados” para ingresar a esta utopía de mercado es el endeudamiento crónico, la hipoteca de sus recursos naturales, la entrega de sectores claves de la economía como el agua, la energía o el transporte a empresas multinacionales, aumento de la desigualdad social, la criminalidad, la pobreza y el desempleo. Sin embargo, pese la enorme evidencia acumulada en contra de estas políticas económicas, sus males se justifican como un costo aceptable para lograr el desarrollo.

Muchos críticos del neoliberalismo lo son también de cualquier alternativa por fuera del desarrollo y el productivismo. Algunos sienten nostalgia de las políticas económicas keynesianas sin ver que estas, al igual que las políticas monetaristas, se basan en un uso no sustentable de los recursos baratos y la transferencia a la sociedad y al medioambiente de los costos ocultos de la producción industrial. El propio cálculo del PBI no discrimina entre construcción y destrucción, considerando no productivas actividades no rentadas, pero indispensables para el mantenimiento del sistema capitalista, como es por ejemplo el trabajo no pago e invisible de la mujer. Sin el sector informal, tan desacreditado pero promovido cínicamente, el sector formal de la economía no podría subsistir.

Los gobernantes y los partidos políticos son incapaces de aportar soluciones de fondo y siguen aferrados al reducido paquete de herramientas que les ofrecen economistas sin visión.  Es que no hay ninguna salida mientras las medidas económicas  sigan siendo monetaristas,  fiscales, productivistas y orientadas al mercado como son los recientes intentos en la Argentina de control de precios.  Pese a la diferencia en los discursos, tanto  derecha, centro e izquierda comparten las mismas falacias y los mismos dogmas. Hezel Henderson dice que todos cultivan el modelo de la Gallina de los Huevos de Oro:

“La derecha tiene la creencia de que toda la riqueza se produce en el sector privado y luego le exige impuestos para dar bienes y servicios al sector público...creen que hay que eliminar la presión inflacionaria reduciendo el gasto público; Hay que elevar las tasas de interés y reducir el crecimiento de la oferta monetaria, aceptando que el desempleo aumentará; Luego quítese regulaciones a los negocios y dense más créditos fiscales a la inversión, basados en la teoría del “goteo de que eso generará más empleo. En el otro extremo de la gama está la posición de “izquierda” que tiene economistas keynesianos y lo único que saben hacer es imprimir dinero con la esperanza de que las inevitables tasas de inflación no resulten demasiado manifiestas.”

Lo trágico es que ninguno de estos abordajes funcionará y el daño se seguirá ampliando y reproduciendo. Los funcionarios, empresarios y economistas no dejan de insistir en el aumento de una productividad estéril que no mejora la calidad de vida de las personas. Como dice Henderson, la única parte del PBI que sigue creciendo son los costos sociales. Las políticas macroeconómicas a corto plazo con sus estrechas elecciones fiscales, monetarias y del sistema de precios están condenadas a  inevitables inflaciones y recesiones  ya que sólo funcionan en una economía con ofertas y demandas crecientes. Esto no es tan fácil de lograr con el aumento del costo de insumos, energía y la pauperización de los consumidores. Una de las causas de la inflación y del fracaso de las políticas keynesianas es que se están agotando los insumos baratos de recursos naturales y energía. Una parte de la declinación de la producción se debe a que cada vez se requiere más capital y energía para obtener materias primas y energía de yacimientos empobrecidos y distantes. Justamente lo que se necesita es lo contrario de lo que se pregona. Necesitamos una “selectiva reducción de la demanda,” una administración no monetaria de la demanda aunque los negocios resulten menos rentables. Hace falta autos más económicos y de menor tamaño, una disminución de la publicidad consumista o acuerdos voluntarios para armonizar precios y salarios

A medida que los países “emergentes”  aumentan sus tasas de interés para atraer el capital extranjero, se dispara otro coletazo inflacionario y recesivo ya que se eleva el costo de las hipotecas, las cuotas de compras de automóviles y maquinarias. Antes elevar los intereses solía ser eficaz para enfriar la economía reduciendo la inflación y el desempleo, pero hoy provoca el efecto contrario. Por otro lado el abuso de la manipulación de las tasas desalienta el compromiso de fondos a largo plazo y aumenta el temor de los tomadores de crédito a caer en las manos de usureros inescrupulosos. Se está perdiendo la confianza en el Estado como arbitro ante las apetencias excesivas de los poderosos y dispensador de equidad social. El estado es el primero en limitar el acceso al consumo popular con impuestos regresivos como el IVA pero premia a los capitalistas con exenciones, subsidios y préstamos que nunca se molesta en cobrar. No es de extrañar entonces que los ciudadanos  se vuelquen a contraeconomías de producción para el uso y reciprocidad como son los clubes de trueque de la Argentina, grupos de compras comunitarias y ayuda mutua. Hay una recuperación del  hogar siempre como unidad de producción y consumo. De esto se trata la contraeconomía; una apuesta al valor de los productos para el propio uso y no para la venta.  El curso que está tomando la economía global hace necesaria una reconceptualización de nuestra situación y nuestros valores para encontrar nuevamente el camino hacia la honradez, la humildad, la cooperación y el deseo de compartir.

Carlos De Sanzo

viernes, 22 de abril de 2011

LOS JÓVENES, LA DESOCUPACIÓN Y EL NUEVO TRUEQUE

Una entrevista a los fundadores de la Red Global de Trueque


¿Cómo es esta nueva etapa de la Red?

Lo más llamativo es el aumento de la participación de los jóvenes (que representan cerca de la mitad de la población desocupada), tanto en las ferias de trueque como en la coordinación de los nodos. En un mundo donde resulta más lucrativo especular financieramente que producir bienes, y donde basta un poco de mano de obra - y mal paga- para generar rentabilidad para la elite, los jóvenes están enfrentando un dilema siniestro donde, en el decir de Viviane Forrester: "la opción es la de ser pobres, con trabajo o sin él." En este sentido, nosotros tenemos un aporte. Creemos que los clubes de trueque brindan un espacio de inserción para que los jóvenes se sientan útiles y tenidos en cuenta. Esta es una buena forma de fortalecer la trama social erosionada por las políticas de ajuste. Porque no se puede reconstruir un país con millones de desocupados y desposeídos sin organizaciones que ofrezcan contención y representatividad. Por eso se han equivocado algunos sectores de izquierda y de la intelectualidad académica que no han sabido interpretar la importancia de las redes de trueque para generar ciudadanía. Desde una postura contemplativa, que va siempre a la zaga de los fenómenos transformadores, criticaron este nuevo fenómeno porque no se adecuaba a sus esquemas de cómo debería ser el cambio. Algo parecido hizo la oposición política, que en lugar de cuestionar y encontrar alternativas al modelo neoliberal que estaba implementado Menem, se la pasó debatiendo cuestiones éticas, como el tema de la corrupción, mientras se estaba desintegrando el sistema productivo de la Argentina por la aplicación de un modelo equivocado, y no sólo porque se robaban la plata.

¿Qué implicancias tiene el problema de la desocupación?

A la opinión pública le preocupa más la inseguridad que el desempleo. El aumento de la criminalidad es real, pero debemos atender a sus causas, una de ellas es la desocupación. La existencia de una enorme población sin posibilidades de incorporarse al proceso de acumulación -que domina el pensamiento económico- crea malestar y propicia el aumento de los delitos. Este estado de cosas puede servir de excusa para instalar dispositivos represivos que finalmente se orientan al control de las masas desocupadas.

¿ Se puede volver al pleno empleo?

Todo tiende a mostrar lo contrario. Quienes esperan que el crecimiento económico sea la salida a todos nuestros problemas, deben saber que el aumento del PBI no se traduce automáticamente en bienestar y progreso. Se dice que un aumento del 1% del PBI pueden incrementar un 0,3% la ocupación. Cuando el crecimiento económico perdió ímpetu a partir de los 80, el desempleo creció. Es lo que ocurrió en la Argentina, a pesar de que había aumentado la productividad laboral que reclamaban los economistas liberales. Estos exigieron entonces ajustar otra variable: bajar aún más el costo laboral, completando el programa de flexibilización iniciado en los 90. Pero el descenso de los salarios reales (que hoy están 15% por debajo del nivel que tenían cuando se derrumbó la economía) y la extensión del trabajo precario, tiene efectos recesivos. Por eso, la política de aumentar los haberes impulsada por el ejecutivo es correcta para alentar el consumo, pero insuficiente. Los aumentos previstos para los próximos meses pueden sumar unos 130 o 160 millones de pesos mensuales que frente a los 20.000 millones de pesos de consumo mensual resultan insuficientes para reactivar al mercado.
El economista sueco Per Grunnar Berglung, autor del libro “La eliminación del desempleo” sostiene que el desempleo es consecuencia de políticas económicas incorrectas aplicadas por gobiernos incompetentes. Esto es cierto, pero la solución del problema va más allá de la buena voluntad de cualquier gobierno. Tiene que ver con el modelo de economía global que plantea el neoliberalismo. Aunque las estadísticas pueden mostrar alguna baja en la desocupación, todos sabemos que es a costa de salarios más bajos, trabajo precarizado y subsidios. Salvo en Europa, donde sobrevive el Estado de Bienestar, la dirección va en camino de un “desempleo de masas” como lo vaticina el sociólogo Francisco Delich. Se necesitarían décadas de una economía global floreciente para volver a una tasa de desempleo tolerable. Pero, para que algo así ocurra, debería tratarse de una economía sustentable -es decir, posible-, algo que no está en la agenda de quienes detentan el poder. La sociedad de pleno empleo estaba basada en la producción masiva para una sociedad de masas que ya fue. ¿Qué nos queda entonces? Debemos pensar en producir, como lo hace el Club del trueque, a partir de las habilidades singulares en función de necesidades humanas reales y no de un mercado impersonal.

¿Que lugar tiene la educación y los avances tecnológicos en el sistema que plantean?

Tenemos que dejar claro que no estamos proponiendo un retroceso respecto a los avances científicos y tecnológicos. Pero convengamos que la mayoría de los trabajos que se ofrecen en las corporaciones son de baja capacitación o muy especializados. En la economía de todos los días, como la del sistema de trueque multirrecíproco, basada en emprendimientos de menor escala, hay todavía mucho espacio para la innovación y la creatividad personal. Aquí la capacitación es vital y continua aunque no la imparte una institución educativa.

¿Cuál es el aporte del sistema de trueque?

Creemos que es totalmente viable generar nuevos mercados de trabajo y consumo a través de la participación antes que de la competencia irracional. No se trata de cambiar la economía sino de tomar la decisión de incorporarle nuevas reglas para que resulte más satisfactoria para todos. Esto es, por ejemplo, que haya una reciprocidad entre quien vende y compra un producto. Porque no hay mercado que se sostenga si el comercio no consume bienes y servicios de sus clientes o si el sector de la producción no le paga a los trabajadores lo suficiente para que puedan adquirir sus productos. Si no se modifica esto, seguiremos en un círculo vicioso donde la mayoría pierde y queda excluida. En los clubes de trueque esta reciprocidad es un hecho que se da de manera natural y sin estridencias. Para que funcione el mercado del trueque multirrecíproco todos los usuarios simplemente deben consumir en la misma proporción de lo que ofrecen. Es lo que llamamos "prosumir". La reciprocidad en el intercambio permite que todos tengan la oportunidad de ofrecer el fruto de su trabajo y sus conocimientos. Esto tiene un efecto formidable sobre la autoestima de las personas, en especial en el caso de los jóvenes y amas de casa quienes pueden poner en valor habilidades antes no valoradas como fabricar artesanías, cocinar o coser.

¿Por qué es más fácil generar ocupación en las redes de trueque?

En la economía post-industrial la tecnología es cara y generar un puesto de trabajo cuesta 100 veces más que en 1900. En contraste, los prosumidores del Club del Trueque usan sus propios recursos para producir y no se necesita una gran inversión para participar en el sistema de trueque multirrecíproco. La escasez de circulante y el bajo poder adquisitivo de una población empobrecida, deprime el consumo y por ende la producción. Esto agudiza el desempleo. En cambio el trueque multirrecíproco no depende tanto del dinero para poder funcionar adecuadamente.


¿Cómo se visualiza el problema de la desocupación desde la economía?

Desde la crisis económica mundial de los años 30 hubo dos abordajes importantes. El primero es el de John Maynard Keynes, que propuso bajar las tasas de interés y aumentar el gasto público para que circule más dinero y alentar de este modo el consumo. Esto funcionó muy bien hasta que empezó a perder efectividad en los años 70 cuando hubo desocupación e inflación al mismo tiempo.
El segundo es el neoliberal implementando en la actualidad que pretende incrementar la demanda de mano de obra bajando los sueldos mediante la flexibilización laboral. El problema es que al disminuir los salarios baja también el consumo y aumenta la recesión. Este efecto era bien conocido por Henry Ford, quien decía que aumentaba el sueldo de sus obreros para que pudieran comprarle sus autos.
Hay un tercer enfoque, más reciente, de algunos economistas poskeynesianos que buscan asegurar un ingreso a los todos los ciudadanos con independencia de un empleo, como es la propuesta del “Ingreso Ciudadano”. Proponen desconectar el trabajo de la remuneración, como ocurre en países desarrollados donde muchas personas cuidan enfermos, intercambian tortas o salen a arreglar las plazas. El trabajo socialmente útil y el desarrollo de mercados locales es una buena idea que practican los grupos SEL en Francia, Ithaca Money en Estados Unidos, LETS en Canadá y Australia o los Bancos de Tiempo en Italia. Desde nuestra experiencia con los clubes de trueque de la Argentina creemos que estas actividades pueden lograr un desarrollo económico más importante y exceder el ámbito local.

¿Es significativo el efecto del trueque multirrecíproco en la economía?

Cuando el sistema económico y bancario argentino se derrumbaron a principios del 2002, el trueque multirrecíproco fue de gran ayuda para sostener a una gran parte de la población que no tenía otras alternativas de supervivencia. Una encuesta Galupp de abril de 2002 señalaba que el 30% de la población participaba o pensaba participar del sistema en los siguientes tres meses. Varios catedráticos japonesas vinieron a estudiar a la Red Global de trueque porque consideraban que el sistema podría servir para asistir a comunidades aisladas frente a un desastre natural como ocurrió durante el terremoto de Kobe. Las redes de trueque pueden funcionar como una Cruz Roja económica.
La función de las redes de trueque es dinamizar los espacios intersticiales del mercado que son vitales para la economía. Estos espacios tienen que ver con el trabajo de la mujer, la solidaridad, el voluntariado y la creatividad colectiva. Sin este aporte la economía no podría funcionar. Lo que hacen las redes de trueque es ayudar a que todo este aporte pueda ser dignificado y potenciado para beneficio de toda la sociedad.

¿Por qué entró en crisis la red?

El crecimiento de la red de trueque se dio paralelamente a la caída del sistema económico. Y su auge ocurrió durante la mayor crisis financiera y política del país. En ese momento muchos tomaron conciencia de que el trueque era formidable y no lo soportaron. Por eso lo sabotearon. Porque podía llevar a pensar en otro modelo de economía. Intentaron destruir su credibilidad, pero la gente tiene memoria y están regresando al sistema que hoy es mucho más sólido y seguro.

¿Qué esperan en el futuro próximo?

Queremos seguir haciendo nuestro aporte para mejorar el bienestar de la sociedad y revisar algunos conceptos sobre el trabajo, la moneda y el mercado. También esperamos una mayor comprensión de parte de los sectores que se sintieron amenazados por nuestro sistema. Lo cierto es que el trueque generó una producción local que beneficiaba a todos los sectores. El dinero que ahorraban los prosumidores no lo ponían bajo el colchón, sino que volvía al mercado en la compra de insumos o electrodomésticos, como también en pago de impuestos o como cuota de un crédito bancario. Algunos mayoristas de alimentos de Quilmes nos han dicho que nunca vendieron tanto como en la época del trueque y el municipio que gozaba entonces de una notable tranquilidad comunitaria se ha convertido hoy en la capital de los reclamos sociales.



DIVERSIDAD DE MERCADOS PARA UN MUNDO EN PAZ

Un mercado es más que un concepto o un lugar físico. Se trata de una red de personas que comparten información sobre las diferentes oportunidades que se ofrecen, logrando así una mayor conformidad en el intercambio de bienes y servicios. Por Carlos De Sanzo

El mercado es encuentro y comunicación. Esto puede observarse en las ferias barriales o en los pequeños comercios, donde la gente puede hablar entre sí y manifestar sus necesidades, inquietudes y anhelos. El mercado existe desde el momento que el hombre debió satisfacer sus necesidades por medio de otras personas ajenas a su círculo íntimo. Por eso, se dice que después de la familia es la segunda institución social más antigua y fundamental que existe. La sociedad y el mercado surgieron con el intercambio, cuando las personas se dieron cuenta que cooperando, especializándose e intercambiando lograban obtener más de todo. Con el intercambio y la división del trabajo este se hace más eficiente y la comunidad más próspera. Ya no sería necesario que alguien se dedicara a producir todo aquello que necesitaba, le bastaba crear algo de valor para los demás y ganar lo suficiente para adquirir otras cosas.

Para que haya mercado no es necesario un medio común de intercambio, como puede ser la moneda. En la época del trueque ya había mercado, pero el intercambio no generaban ganancias mutuas ni se guiaban por un sistema de precios. Cuando se crea el dinero se agilizan las transacciones y se le da una entidad global al proceso de mercado. Aparece asimismo la propiedad privada y el sistema de precios con lo cual comienza la contabilidad mercantil y la economía en sentido estricto.

El mercado se expandió y se hizo más complejo. Progresivamente se fue orientando a la búsqueda de lucro, perdiéndose el antiguo contacto entre las personas y las posibilidades de lograr una mayor ayuda recíproca. Surgieron intermediarios y distorsiones como la usura y la manipulación de los precios con fines especulativos. El Estado intervino (1), pero las normas comerciales, aranceles, impuestos y otras medidas implementadas respondieron principalmente a intereses sectoriales retorciendo más las cosas (2). Debido a todo esto, millones de personas tienen serias dificultades para acceder al mercado global. A pesar de tantas desviaciones, el mercado es útil y la gente recurre a la llamada economía informal para seguir satisfaciendo sus necesidades y deseos. Como resultado no hay un sólo mercado sino muchos.

En el mundo las personas conviven haciendo gala de una rica variedad de idiosincrasias, culturas, creencias y expectativas. Del mismo modo coexisten distintos tipos de economías y cada una de ellas tiene su propio mercado. No todos quieren vivir con el estrés de los operadores de bolsa, ni se puede pedir que todas las familias adopten como estilo de vida la simplicidad voluntaria. Entonces, no es sustentable ni satisfactorio que se quiera forzar a todo el mundo a enrolarse en un modelo de mercado único. Esta meta significa un serio error ya que excluye a las personas de participar en la comunidad con su trabajo y consumo. Atenta contra la libertad de mercado e interfiere en el modo en que las personas desean ganarse la vida.

Donde no hay una senda amplia y variada a la producción y al mercado, los pueblos se ven obligados a entregar sus recursos, sean bosques, petróleo o minerales, a cambio de costosas manufacturas que ellos mismos podrían elaborar o sustituir incluso por bienes más durables y de mejor calidad. La totalidad de los países deudores, que hoy son pobres, habían sido auténticamente prósperos antes de recibir ayuda externa, mientras que los países más ricos son precisamente los acreedores que ya llevan cobrada cinco veces la deuda original.

La gran enseñanza del mercado es que para asegurar plena ocupación, bienestar y libertad debe haber mercados de diferente complejidad donde productores y consumidores puedan progresar conforme a sus deseos y posibilidades. No es una tarea imposible. Es lo que ha venido realizando en la Argentina la Red Global de Trueque (RGT) con su sistema de trueque multirrecíproco. Para ello desarrolló una activa red donde, al igual que al comienzo del mercado, las personas tienen la oportunidad de comunicarse entre sí e intercambiar de manera directa (3). Se privilegia el protagonismo de las personas en la economía a diferencia de lo que ocurre en el modelo global dominante, donde la voz cantante la tienen las corporaciones que poco a poco se van apoderando de las industrias y de los sectores de servicios clave.

La Red Global de Trueque propone un mercado ético donde nadie quede afuera. Plantea una justicia social sin distinciones entre pobre y ricos. Todos los estratos sociales son invitados a integrarse, los empresarios, los comerciantes, las economías regionales, los que producen cereales, los que trabajan el cuero o la madera, los artesanos y los soñadores. El Estado se beneficia con este aporte ya que la RGT es una fábrica de contribuyentes. La explicación es clara: cuando las personas vuelven a trabajar en su profesión, los empresarios reabren sus industrias y los comerciantes levantan las persianas de sus locales, el erario sale beneficiado.

La economía que propone el trueque multirrecíproco es fuerte porque es participativa. En cualquier comunidad hay galpones, y tierras disponibles. Cuantas máquinas de tejer están paradas en algunas ciudades como Mar del Plata, famosa por su industria de textil. Pensemos que pasaría si empezáramos poco a poco a poner en marcha los telares, los campos, los camiones que están parados, las horas ociosas de los jóvenes, de los jubilados, de las amas de casa, de los adultos. Podemos criar conejos, podemos hacer huertas, organizar una carpintería. Tanta producción podría tener un mercado ávido y con capacidad adquisitiva en los clubes de trueque. Cuanto más dinámico es el mercado cuando las personas pueden adquirir alimentos, ropa, artículos y servicios para el hogar o irse de vacaciones por medio del intercambio. Para lograr semejante evolución en el mercado es necesario sumarle nuevas reglas y propiedades. Que solución tan digna para las problemáticas del mercado negro, el tráfico de mercaderías ilícitas, los abusos de la dignidad humana, la explotación, la alternancia de ciclos económicos de inflación-recesión entre otros desatinos.

Con el trueque multirrecíproco los costos para iniciar un movimiento de recuperación económica serán infinitamente menores que los erogados por la costosa e infructuosa ayuda externa. La piedra de toque de este sistema es la creación de una moneda de trueque que irriga los capilares más recónditos de la economía real, una moneda no acumulable y sin usura, concebida a la medida de los excluidos como también de los banqueros lúcidos. Una moneda que le sirve al joven y al viejo, al justo y al pecador. Una moneda no volátil pero que lleva un aire de frescura a toda la economía. Los resultados serían formidables y se lograrían en un tiempo muy breve. Ni siquiera hace falta una inversión monetaria. Apenas se requiere de unos pocos insumos (harina, azúcar, leche, porotos, arroz, aceite) para producir los alimentos que constituyen el primer eslabón de la cadena productiva. En algunos casos, bastará con salvar esas materias de la destrucción a la que son sometidas para mantener su precio en el mercado y donarlas para este proyecto. Luego se podrán agregar algunas herramientas unos pocos vehículos, combustible y el resto lo hará la propia gente.

En pocos meses se podrá organizar por autogestión una economía apta para sostener a millones de personas, sin endeudamiento y en paz. ¿Quiénes podrían ser los interesados en un proyecto así? Las regiones pobres seguro, pero también los países ricos preocupados por la pobreza en su propio suelo, el desempleo, la inmigración ilegal y el aumento de la violencia tendrían que considerarlo. No resultaría ocioso instalar algunos de estos proyectos en su propio territorio o apoyar para que se desarrollen en aquello países de donde proceden los inmigrantes que tanto les preocupan.

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(1)los gobiernos recurren a distintos medidas fiscales (exenciones, gravámenes discrecionales, impuestos progresivos, desgravaciones de origen político) para controlar el mercado espontáneo y lograr una redistribución de los recursos, algo que paradójicamente el mercado logra de un modo más equitativo sin su intervención.

(2)” Cuando por ejemplo se le pone un arancel al hierro, el efecto es el mismo que si la pureza del mineral del cual se extrae fuese tanto más pobre y costara más procesarlo. El mercado sigue funcionando y simplemente los usos marginales de hierro se abandonarán o se sustituyen...El mercado simplemente se adapta a las nuevas circunstancias modificadas y distorsionadas como si el mundo fuese distinto y un poco más imperfecto de lo que ya es, por lo que habrá que trabajar más duro y por más tiempo para obtener lo mismo” (¿Qué es el mercado? Manuel Ayau Cordón)

(3) Hay una historia muy ilustrativa sobre los efectos de la falta de información en un mercado: había 4 personas que se debían dinero mutuamente pero no lo sabían, A le debía $1000 a B, B le debía a C, C le debía a D y D le debía a A. Estas personas no conocían la transitividad de la deuda y al no comunicarse entre sí, recurrieron individualmente a abogados y a la justicia terminando en un quebranto económico y anímico. ¿Qué hubiese ocurrido si se hubieran reunido a conversar? Lo más probable es que habrían ahorrado dinero y salud condonándose recíprocamente las deudas, así nadie le debería nada a nadie.

 

UNA ECONOMÍA EN MANOS DE LA GENTE

El planeta está esperando una nueva estrategia global para afrontar conjuntamente los desafíos que representan el deterioro ambiental y la inequidad en la distribución de recursos entre ricos y pobres, problemáticas que implican un serio peligro para el planeta y la paz mundial. Por Carlos De Sanzo


Esta estrategia debería asegurar la participación de la gran masa de pobres y excluidos del mercado (la mayor parte de la población mundial) en una nueva lógica de producción, consumo y organización social que maximice el bienestar con el mínimo de recursos (Cuarto Factor). Es sin duda una importante ventaja competitiva para desarrollar con éxito un modelo económico que, con recursos propios y jugando con las propias reglas de juego del mercado capitalista, florezca en los intersticios de la economía global.

Creemos que es posible, gracias a las nuevas tecnologías de comunicación, lograr una interacción impensable hace unos pocos años atrás, para que millones de personas se autodeterminen en materia de moneda, mercado, organización social y producción de sus medios de vida. Millones de personas capaces que se ven arrojadas a la miseria y el desempleo; que ven cada día como se pudre el pan detrás del escaparate del mercado porque no tienen acceso a una herramienta de cambio adecuada y justa.

Esta herramienta capaz de romper las cadenas simbólicas de postergación y sometimiento no puede ser otra que una moneda sin interés y sin inflación. Nadie nos impide abrir mercados de plena participación donde las personas puedan proveerse unos a otros de manera solidaria y reciproca.

Los medios ya existen, están al alcance de la mano. Como enseñaron el Mahatma Gandhi y E.F. Schumacher, se puede producir todo lo necesario para sostener la propia vida con herramientas sencillas que no amenacen a la tierra, el aire ni al agua.

Es posible establecer relaciones cooperativas y amigables con el comercio, la producción y el orden público para que el hombre ya no sea el lobo del hombre.

Nada hay más arrollador e irresistible que un modelo económico que promueva el desarrollo como consecuencia de la equidad, el bienestar social y el cuidado del medio ambiente. Nada más competitivo que un modelo de producción e intercambio que emplee con sobriedad y de manera sostenible los recursos locales, aumentando la eficacia del trabajo mediante la plena ocupación y la participación en la toma de decisiones.

Para ello será necesario superar las dudas e incertidumbres que se suelen proyectar sobre cualquier propuesta de cambio profundo, muchas veces acompañadas con el argumento prejuicioso de que los intereses creados son demasiado fuertes para dejarla prosperar. Tal vez el retroceso de la clase trabajadora como factor revolucionario de la sociedad y la caída del orden soviético tengan algo que ver con el pesimismo que se nota incluso entre los sectores más progresistas. Para superar este prejuicio es necesario tener en cuenta la potencialidad transformadora de los excluidos cuando son capaces de acceder a un nuevo rol de productores y consumidores simultáneos.

Claro que no resulta fácil admitir un nuevo paradigma. Así como para el hombre del medioevo era obvio que el sol giraba alrededor de la tierra, para el hombre de la era de la globalización es evidente que la humanidad gira en torno a las potencias hegemónicas y sus empresas trasnacionales. Debemos convencernos de que es todo lo contrario, que el verdadero poder lo tienen los ciudadanos cuando se organizan para defender su existencia como prosumidores en una economía de trueque multi-recíproco.

No se trata de una utopía, sino de una realidad que ya está ocurriendo en todo el mundo con experiencias como la de la Red Global de Trueque. Resulta paradójico que en el país donde se aplicó con más rigor la ortodoxia de la economía de mercado, con las consecuencias que está padeciendo la población, haya surgido al mismo tiempo una poderosa economía de trueque.

La economía del trueque como otras economías complementarias son fundamentales para crear una “globalización cooperativa” que refuerce la participación ciudadana en todos los niveles y órdenes de la vida en un compromiso con las generaciones futuras. Hay millares de ejemplos alrededor de todo el mundo clasificados bajo distintas denominaciones como: economías alternativas, tercer sector, economía social, economía popular, socioeconomía solidaria.

Existen organizaciones en el ámbito local, regional e internacional que ofrecen alternativas de mercado por fuera de la lógica capitalista. Movimientos contra la contaminación, defensores de los espacios verdes, agricultores orgánicos, eco villas, permacultura, huertas comunitarias, desarrollo de tecnologías socialmente apropiadas, autosuficiencia, simplicidad voluntaria, grupos autogestionarios de compras colectivas sin intermediarios de productos ecológicos, redes de consumidores asociados, bancos éticos y comunitarios, bancos de tiempo, intercambio de saberes, sistemas de intercambio locales (SEL, LETS,WIR, Ithaca Money) movimientos de carácter internacional como Greenpeace, Amnesty, ATTAC (Tasa Tobim). Asociaciones cooperativas, mutuales, empresas sociales, sociedades laborales, asociaciones sin fines de lucro, comercio justo.

También se debe tener en cuenta los nuevos modelos de gerenciamiento de lo público como el Presupuesto Participativo de Porto Alegre, el desarrollo de instrumentos más apropiados para medir la riqueza (balance social, PSI), propuestas para una redistribución más equitativa de la renta nacional (renta ciudadana) y la diferenciación del sector respecto al capitalismo (etiqueta social), entre otros.

Todas estas contribuciones, con toda su diversidad forman parte de una democracia económica, en el sentido que Jordi Garcia y Toni Comín definen como “el derecho y la capacidad de los ciudadanos para incidir en las decisiones relevantes de la política económica en cada nivel territorial, desde el local al planetario” (Mesa Redonda sobre Democracia Participativa, Barcelona, 22 de febrero de 2002)

De este modo la economía volverá a estar al servicio de la sociedad colocando al trabajo como categoría central y recuperando su finalidad primigenia como proveedora sustentable de las bases materiales para el desenvolvimiento humano.