Un cambio de paradigma es siempre resistido al principio. Pero con el paso del tiempo los nuevos conceptos nos parecen menos perturbadores y se terminan asimilados al pensamiento establecido. A veces pienso que estas ideas revolucionarias son asumidas sólo en parte, pero que en el fondo no queremos cambiar. Se cede algo para no ceder todo. Una negociación conveniente para mantener el principio de realidad y aquí no ha pasado nada. Las teorías molestas son expuestas en vez de ocultarlas. Se pinta de rojo el antiestético caño en lugar de disimularlo. Y pese a que le dimos la razón a Galileo seguimos viendo salir el sol del este. Y actuamos como si fuéramos el centro de la creación aunque enseñemos las teorías de Darwin en nuestras escuelas. Y después de tanto psicoanálisis bajo las espaldas, seguimos creyendo que manejamos nuestras pasiones.
La caída de un paradigma hiere nuestro narcisismo humano, pero no profundamente, ya que ha sido el propio hombre el autor de tal prodigio. El pensamiento abstracto sale victorioso de todos modos y aunque reconozcamos que nada sabemos, seguimos creyendo en que el Saber es posible.
Adoptamos un nuevo paradigma porque descubrimos su utilidad; no como resultado de una progresiva toma de conciencia, ni por deseo de conocer una verdad con mayúsculas sino una verdad tranquilizante. En lo más profundo que no vamos tras la verdad, la equidad, la justicia o el conocimiento, sino en pos de una ideología funcional al ego.
El mundo experimenta un clima navideño cuando el nuevo paradigma es entronizado. Se asiste a un milagro profano, se refuerza por fuera la fe en la ciencia y por dentro el pensamiento mágico. Aceptamos reformular la idea que teníamos del mundo, pero nuestros prejuicios no disminuyen con este acto de contrición, sino por el contrario se fortalecen. No nos hacemos más sabios sino más apegados. Tal vez haya una luz al final del camino, quizás superemos alguna vez la compulsión a encontrar respuestas sin haber formulado las preguntas. El principio de realidad es Matrix, es el paradigma que no termina de caer y que sostiene la dictadura de lo real, nuestra profunda convicción respecto a la objetividad del conocimiento y que éste se encuentra cada vez más cercano.
Carlos De Sanzo
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