Un mercado es más que un concepto o un lugar físico. Se trata de una red de personas que comparten información sobre las diferentes oportunidades que se ofrecen, logrando así una mayor conformidad en el intercambio de bienes y servicios. Por Carlos De Sanzo
El mercado es encuentro y comunicación. Esto puede observarse en las ferias barriales o en los pequeños comercios, donde la gente puede hablar entre sí y manifestar sus necesidades, inquietudes y anhelos. El mercado existe desde el momento que el hombre debió satisfacer sus necesidades por medio de otras personas ajenas a su círculo íntimo. Por eso, se dice que después de la familia es la segunda institución social más antigua y fundamental que existe. La sociedad y el mercado surgieron con el intercambio, cuando las personas se dieron cuenta que cooperando, especializándose e intercambiando lograban obtener más de todo. Con el intercambio y la división del trabajo este se hace más eficiente y la comunidad más próspera. Ya no sería necesario que alguien se dedicara a producir todo aquello que necesitaba, le bastaba crear algo de valor para los demás y ganar lo suficiente para adquirir otras cosas. Para que haya mercado no es necesario un medio común de intercambio, como puede ser la moneda. En la época del trueque ya había mercado, pero el intercambio no generaban ganancias mutuas ni se guiaban por un sistema de precios. Cuando se crea el dinero se agilizan las transacciones y se le da una entidad global al proceso de mercado. Aparece asimismo la propiedad privada y el sistema de precios con lo cual comienza la contabilidad mercantil y la economía en sentido estricto.
El mercado se expandió y se hizo más complejo. Progresivamente se fue orientando a la búsqueda de lucro, perdiéndose el antiguo contacto entre las personas y las posibilidades de lograr una mayor ayuda recíproca. Surgieron intermediarios y distorsiones como la usura y la manipulación de los precios con fines especulativos. El Estado intervino (1), pero las normas comerciales, aranceles, impuestos y otras medidas implementadas respondieron principalmente a intereses sectoriales retorciendo más las cosas (2). Debido a todo esto, millones de personas tienen serias dificultades para acceder al mercado global. A pesar de tantas desviaciones, el mercado es útil y la gente recurre a la llamada economía informal para seguir satisfaciendo sus necesidades y deseos. Como resultado no hay un sólo mercado sino muchos.
En el mundo las personas conviven haciendo gala de una rica variedad de idiosincrasias, culturas, creencias y expectativas. Del mismo modo coexisten distintos tipos de economías y cada una de ellas tiene su propio mercado. No todos quieren vivir con el estrés de los operadores de bolsa, ni se puede pedir que todas las familias adopten como estilo de vida la simplicidad voluntaria. Entonces, no es sustentable ni satisfactorio que se quiera forzar a todo el mundo a enrolarse en un modelo de mercado único. Esta meta significa un serio error ya que excluye a las personas de participar en la comunidad con su trabajo y consumo. Atenta contra la libertad de mercado e interfiere en el modo en que las personas desean ganarse la vida.
Donde no hay una senda amplia y variada a la producción y al mercado, los pueblos se ven obligados a entregar sus recursos, sean bosques, petróleo o minerales, a cambio de costosas manufacturas que ellos mismos podrían elaborar o sustituir incluso por bienes más durables y de mejor calidad. La totalidad de los países deudores, que hoy son pobres, habían sido auténticamente prósperos antes de recibir ayuda externa, mientras que los países más ricos son precisamente los acreedores que ya llevan cobrada cinco veces la deuda original.
La gran enseñanza del mercado es que para asegurar plena ocupación, bienestar y libertad debe haber mercados de diferente complejidad donde productores y consumidores puedan progresar conforme a sus deseos y posibilidades. No es una tarea imposible. Es lo que ha venido realizando en la Argentina la Red Global de Trueque (RGT) con su sistema de trueque multirrecíproco. Para ello desarrolló una activa red donde, al igual que al comienzo del mercado, las personas tienen la oportunidad de comunicarse entre sí e intercambiar de manera directa (3). Se privilegia el protagonismo de las personas en la economía a diferencia de lo que ocurre en el modelo global dominante, donde la voz cantante la tienen las corporaciones que poco a poco se van apoderando de las industrias y de los sectores de servicios clave.
La Red Global de Trueque propone un mercado ético donde nadie quede afuera. Plantea una justicia social sin distinciones entre pobre y ricos. Todos los estratos sociales son invitados a integrarse, los empresarios, los comerciantes, las economías regionales, los que producen cereales, los que trabajan el cuero o la madera, los artesanos y los soñadores. El Estado se beneficia con este aporte ya que la RGT es una fábrica de contribuyentes. La explicación es clara: cuando las personas vuelven a trabajar en su profesión, los empresarios reabren sus industrias y los comerciantes levantan las persianas de sus locales, el erario sale beneficiado.
La economía que propone el trueque multirrecíproco es fuerte porque es participativa. En cualquier comunidad hay galpones, y tierras disponibles. Cuantas máquinas de tejer están paradas en algunas ciudades como Mar del Plata, famosa por su industria de textil. Pensemos que pasaría si empezáramos poco a poco a poner en marcha los telares, los campos, los camiones que están parados, las horas ociosas de los jóvenes, de los jubilados, de las amas de casa, de los adultos. Podemos criar conejos, podemos hacer huertas, organizar una carpintería. Tanta producción podría tener un mercado ávido y con capacidad adquisitiva en los clubes de trueque. Cuanto más dinámico es el mercado cuando las personas pueden adquirir alimentos, ropa, artículos y servicios para el hogar o irse de vacaciones por medio del intercambio. Para lograr semejante evolución en el mercado es necesario sumarle nuevas reglas y propiedades. Que solución tan digna para las problemáticas del mercado negro, el tráfico de mercaderías ilícitas, los abusos de la dignidad humana, la explotación, la alternancia de ciclos económicos de inflación-recesión entre otros desatinos.
Con el trueque multirrecíproco los costos para iniciar un movimiento de recuperación económica serán infinitamente menores que los erogados por la costosa e infructuosa ayuda externa. La piedra de toque de este sistema es la creación de una moneda de trueque que irriga los capilares más recónditos de la economía real, una moneda no acumulable y sin usura, concebida a la medida de los excluidos como también de los banqueros lúcidos. Una moneda que le sirve al joven y al viejo, al justo y al pecador. Una moneda no volátil pero que lleva un aire de frescura a toda la economía. Los resultados serían formidables y se lograrían en un tiempo muy breve. Ni siquiera hace falta una inversión monetaria. Apenas se requiere de unos pocos insumos (harina, azúcar, leche, porotos, arroz, aceite) para producir los alimentos que constituyen el primer eslabón de la cadena productiva. En algunos casos, bastará con salvar esas materias de la destrucción a la que son sometidas para mantener su precio en el mercado y donarlas para este proyecto. Luego se podrán agregar algunas herramientas unos pocos vehículos, combustible y el resto lo hará la propia gente.
En pocos meses se podrá organizar por autogestión una economía apta para sostener a millones de personas, sin endeudamiento y en paz. ¿Quiénes podrían ser los interesados en un proyecto así? Las regiones pobres seguro, pero también los países ricos preocupados por la pobreza en su propio suelo, el desempleo, la inmigración ilegal y el aumento de la violencia tendrían que considerarlo. No resultaría ocioso instalar algunos de estos proyectos en su propio territorio o apoyar para que se desarrollen en aquello países de donde proceden los inmigrantes que tanto les preocupan.
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(1)los gobiernos recurren a distintos medidas fiscales (exenciones, gravámenes discrecionales, impuestos progresivos, desgravaciones de origen político) para controlar el mercado espontáneo y lograr una redistribución de los recursos, algo que paradójicamente el mercado logra de un modo más equitativo sin su intervención.
(2)” Cuando por ejemplo se le pone un arancel al hierro, el efecto es el mismo que si la pureza del mineral del cual se extrae fuese tanto más pobre y costara más procesarlo. El mercado sigue funcionando y simplemente los usos marginales de hierro se abandonarán o se sustituyen...El mercado simplemente se adapta a las nuevas circunstancias modificadas y distorsionadas como si el mundo fuese distinto y un poco más imperfecto de lo que ya es, por lo que habrá que trabajar más duro y por más tiempo para obtener lo mismo” (¿Qué es el mercado? Manuel Ayau Cordón)
(3) Hay una historia muy ilustrativa sobre los efectos de la falta de información en un mercado: había 4 personas que se debían dinero mutuamente pero no lo sabían, A le debía $1000 a B, B le debía a C, C le debía a D y D le debía a A. Estas personas no conocían la transitividad de la deuda y al no comunicarse entre sí, recurrieron individualmente a abogados y a la justicia terminando en un quebranto económico y anímico. ¿Qué hubiese ocurrido si se hubieran reunido a conversar? Lo más probable es que habrían ahorrado dinero y salud condonándose recíprocamente las deudas, así nadie le debería nada a nadie.

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