La autosuficiencia como la entiendo y la practico, es el abastecimiento como resultado del propio trabajo o por el intercambio de productos o servicios producidos por otras personas por si mismas; es decir sin mediar ningún tipo de explotación o plusvalía. Este concepto se extiende a la no explotación de los recursos naturales, lo que significa un fuerte compromiso con la sustentabilidad.
El producto de la autosuficiencia es, por lo tanto, completamente bien de uso, ya sea en el plano individual como social.
La autosuficiencia puede incluir la dimensión individual, familiar, local, nacional, regional. No se reduce al auto consumo ni implica abastecerse completamente por uno mismo, ya que esto no es deseable ni posible.
La autosuficiencia implica el intercambio no monetario de excedentes de producción para completar y diversificar el propio aprovisionamiento.
El énfasis puesto en lo no monetario es de una importancia decisiva, ya que el dinero, por su concepción, diseño y función, lleva inevitablemente a la acumulación en unas pocas manos y a la negación del intercambio. La autosuficiencia busca que la gente pueda obtener lo necesario para vivir sin ser explotado y sin explotar a otras personas o al medio ambiente.
No es una idea radical, sino natural y orgánica. Los distintos saltos tecnológicos para aumentar el rendimiento agrícola fueron seguidos por un incremento poblaciones y al poco tiempo otra vez hambre,guerras y más explotación de las personas y la naturaleza.
La autosuficiencia es economía en su aspecto más prístino, esencial y orgánico ya que se orienta a la satisfacción de las necesidades humanas libre de cualquier explotación, especulación o usura. También se trata de una economía de la perdurabilidad, ya que para sostenerse sin sobresaltos en el tiempo debe haber un uso sustentable de los recursos. En este modelo económico cualquier derroche, mal manejo o sobre explotación afecta directamente a quien lo generó. No hay forma de trasladar a otros los propios defectos u errores. Esto estimula a las personas a hacerse cargo de sus actos y ser respetuosos con el entorno. En cambio, los modelos de organización, como los define Schumacher, favorecen actitudes irresponsables y egoístas como ocurre con la sociedad de consumo actual.
Veamos un ejemplo de mi infancia a mediados de los años 50. En nuestro barrio no había servicio de recolección de basura, por lo que inevitablemente debíamos reciclar los desechos en nuestro propio hogar para que no se convirtieran en basura. Conforme a esta realidad, los envases de los productos manufacturados eran reutilizados o reciclados. No existía el hábito de usar y tirar que hoy tenemos incorporado como si fuera un acto reflejo. En la práctica no existía productos descartables. Todos salíamos de casa con una bolsa de tela para hacer las compras con tanta naturalidad como llevar dinero en el bolsillo. Una vez consumidos los productos, los frascos de vidrio vacíos se llenaban con dulces y mermeladas caseras, las botellas de sidra con salsa de tomate y las de vino con vinos o en el peor de los casos vinagre de uva o grapa. Las latas de aceite, una vez consumido su contenido, servían para hacer bebederos para nuestras mascotas y animales de cría, las latas redondas de dulce de batata se convertían en apreciados moldes para hornear pan dulce, y cuando por último, el metal se deterioraba u oxidaba, se enterraban junto a los limoneros para aportarles hierro. Los vidrios rotos fijados a los bordes de los muros desalentaban a los escasos merodeadores o se molían para usar como carga en el concreto.
Podría dar una infinidad de ejemplos de reciclado, como el caso de la madera, cartón, papel, o de los residuos orgánicos, pero no intento hacer una apología de la simplicidad sino mostrar como en una cultura de hace apenas 60 años, se resolvía con autosuficiencia, de manera sencilla y efectiva un problema en vez pasárselo a las próximas generaciones.
Carlos De Sanzo
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