viernes, 22 de abril de 2011

UNA ECONOMÍA EN MANOS DE LA GENTE

El planeta está esperando una nueva estrategia global para afrontar conjuntamente los desafíos que representan el deterioro ambiental y la inequidad en la distribución de recursos entre ricos y pobres, problemáticas que implican un serio peligro para el planeta y la paz mundial. Por Carlos De Sanzo


Esta estrategia debería asegurar la participación de la gran masa de pobres y excluidos del mercado (la mayor parte de la población mundial) en una nueva lógica de producción, consumo y organización social que maximice el bienestar con el mínimo de recursos (Cuarto Factor). Es sin duda una importante ventaja competitiva para desarrollar con éxito un modelo económico que, con recursos propios y jugando con las propias reglas de juego del mercado capitalista, florezca en los intersticios de la economía global.

Creemos que es posible, gracias a las nuevas tecnologías de comunicación, lograr una interacción impensable hace unos pocos años atrás, para que millones de personas se autodeterminen en materia de moneda, mercado, organización social y producción de sus medios de vida. Millones de personas capaces que se ven arrojadas a la miseria y el desempleo; que ven cada día como se pudre el pan detrás del escaparate del mercado porque no tienen acceso a una herramienta de cambio adecuada y justa.

Esta herramienta capaz de romper las cadenas simbólicas de postergación y sometimiento no puede ser otra que una moneda sin interés y sin inflación. Nadie nos impide abrir mercados de plena participación donde las personas puedan proveerse unos a otros de manera solidaria y reciproca.

Los medios ya existen, están al alcance de la mano. Como enseñaron el Mahatma Gandhi y E.F. Schumacher, se puede producir todo lo necesario para sostener la propia vida con herramientas sencillas que no amenacen a la tierra, el aire ni al agua.

Es posible establecer relaciones cooperativas y amigables con el comercio, la producción y el orden público para que el hombre ya no sea el lobo del hombre.

Nada hay más arrollador e irresistible que un modelo económico que promueva el desarrollo como consecuencia de la equidad, el bienestar social y el cuidado del medio ambiente. Nada más competitivo que un modelo de producción e intercambio que emplee con sobriedad y de manera sostenible los recursos locales, aumentando la eficacia del trabajo mediante la plena ocupación y la participación en la toma de decisiones.

Para ello será necesario superar las dudas e incertidumbres que se suelen proyectar sobre cualquier propuesta de cambio profundo, muchas veces acompañadas con el argumento prejuicioso de que los intereses creados son demasiado fuertes para dejarla prosperar. Tal vez el retroceso de la clase trabajadora como factor revolucionario de la sociedad y la caída del orden soviético tengan algo que ver con el pesimismo que se nota incluso entre los sectores más progresistas. Para superar este prejuicio es necesario tener en cuenta la potencialidad transformadora de los excluidos cuando son capaces de acceder a un nuevo rol de productores y consumidores simultáneos.

Claro que no resulta fácil admitir un nuevo paradigma. Así como para el hombre del medioevo era obvio que el sol giraba alrededor de la tierra, para el hombre de la era de la globalización es evidente que la humanidad gira en torno a las potencias hegemónicas y sus empresas trasnacionales. Debemos convencernos de que es todo lo contrario, que el verdadero poder lo tienen los ciudadanos cuando se organizan para defender su existencia como prosumidores en una economía de trueque multi-recíproco.

No se trata de una utopía, sino de una realidad que ya está ocurriendo en todo el mundo con experiencias como la de la Red Global de Trueque. Resulta paradójico que en el país donde se aplicó con más rigor la ortodoxia de la economía de mercado, con las consecuencias que está padeciendo la población, haya surgido al mismo tiempo una poderosa economía de trueque.

La economía del trueque como otras economías complementarias son fundamentales para crear una “globalización cooperativa” que refuerce la participación ciudadana en todos los niveles y órdenes de la vida en un compromiso con las generaciones futuras. Hay millares de ejemplos alrededor de todo el mundo clasificados bajo distintas denominaciones como: economías alternativas, tercer sector, economía social, economía popular, socioeconomía solidaria.

Existen organizaciones en el ámbito local, regional e internacional que ofrecen alternativas de mercado por fuera de la lógica capitalista. Movimientos contra la contaminación, defensores de los espacios verdes, agricultores orgánicos, eco villas, permacultura, huertas comunitarias, desarrollo de tecnologías socialmente apropiadas, autosuficiencia, simplicidad voluntaria, grupos autogestionarios de compras colectivas sin intermediarios de productos ecológicos, redes de consumidores asociados, bancos éticos y comunitarios, bancos de tiempo, intercambio de saberes, sistemas de intercambio locales (SEL, LETS,WIR, Ithaca Money) movimientos de carácter internacional como Greenpeace, Amnesty, ATTAC (Tasa Tobim). Asociaciones cooperativas, mutuales, empresas sociales, sociedades laborales, asociaciones sin fines de lucro, comercio justo.

También se debe tener en cuenta los nuevos modelos de gerenciamiento de lo público como el Presupuesto Participativo de Porto Alegre, el desarrollo de instrumentos más apropiados para medir la riqueza (balance social, PSI), propuestas para una redistribución más equitativa de la renta nacional (renta ciudadana) y la diferenciación del sector respecto al capitalismo (etiqueta social), entre otros.

Todas estas contribuciones, con toda su diversidad forman parte de una democracia económica, en el sentido que Jordi Garcia y Toni Comín definen como “el derecho y la capacidad de los ciudadanos para incidir en las decisiones relevantes de la política económica en cada nivel territorial, desde el local al planetario” (Mesa Redonda sobre Democracia Participativa, Barcelona, 22 de febrero de 2002)

De este modo la economía volverá a estar al servicio de la sociedad colocando al trabajo como categoría central y recuperando su finalidad primigenia como proveedora sustentable de las bases materiales para el desenvolvimiento humano.

 

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